🪑 Sedestación en niños

Sedestación: definición

Hay diferentes posiciones básicas que adoptamos en nuestro día a día sin reparar en ellas, entre ellas encontramos la bipedestación, la sedestación, el decúbito o la marcha.

Cuando hablamos de sedestación en niños nos referimos, básicamente a la postura de estar sentados. Hay muchas maneras de sentarse: en una silla, en el suelo, con las piernas cruzadas… Cualquiera de ellas es considerada una forma de sedestación.

La sedestación está presente en nuestras vidas prácticamente desde los primeros meses. Cuando apenas tenemos 5 meses de vida ya empieza nuestro interés por estar sentados y ver el mundo desde la posición vertical.

La sedestación en bebés

El desarrollo psicomotor en los bebés es complejo. Hay unas edades a las que se considera que de media los niños con desarrollo típico empiezan a adquirir ciertas habilidades. Sin embargo, cada bebé será diferente y se desarrollará en momentos y a ritmos distintos.  

¿Cuándo aprende el bebé a sentarse?

Hasta conseguir la sedestación autónoma hay un arduo proceso. Antes de que el bebé controle esta posición de manera autónoma y se encuentre cómodo en ella deberá haber adquirido el control de su cabeza y su tronco en contra de la gravedad. Normalmente, antes de interesarse por estar sentado el niño o la niña suele experimentar otros cambios de posición como girarse desde boca arriba a boca bajo y al revés. Poco a poco, cuando empieza a controlar su cuerpo en el espacio inicia su intención de sentarse. Esto suele ocurrir entre los 4 y los 6 meses.  

Al principio, la sedestación en el bebé es con la espalda muy curvada, las piernas muy abiertas y las manos apoyadas delante. Es posible, incluso, que en esa posición poco a poco su cuerpo se vaya flexionando hasta que su pecho choque contra el suelo. El niño debe aprender a controlar su tronco en contra de la fuerza de la gravedad y a usar el apoyo de sus manos para no caer hacia delante o hacia los lados. Solo la experiencia y la práctica le permitirán adquirir las habilidades para controlar esta postura.

Cuando consiguen mantener una sedestación estable sin necesidad de apoyarse con las manos, empezarán a alcanzar objetos y juguetes que se encuentran a cierta distancia y a los lados. También aprenderá a cambiar la posición de sus piernas para sentarse de diferentes maneras: piernas abiertas, juntas, hacia un lado… Estas habilidades suelen desarrollarse desde los 6 hasta los 9 meses.

Estar sentado significa posicionar el cuerpo en el espacio en contra de la gravedad y para que esto tenga lugar de manera autónoma es necesario tener un control postural adecuado. Una sedestación independiente implica ser capaz de diferenciar la parte del cuerpo que se queda inmóvil en contacto con el suelo y la parte que se mueve (tronco, piernas, brazos…). Cuando más movimiento de la parte móvil, más control debe tenerse sobre la parte estable. Si un niño quiere coger un objeto que está lejos, más controlado debe tener su apoyo glúteo para no caer en el intento de alcanzar el juguete.

La sedestación estable no solo aporta al bebé múltiples beneficios motores de equilibrio, transferencias de peso de una pierna a otra y control postural, sino que además favorecerá de manera importante el desarrollo de sus habilidades manipulativas, es decir, de su capacidad para explorar con las manos y, con ello, para explorar los objetos que tiene a su alrededor y, por tanto, aprender de todo ello. Coincide que cuando el niño consigue mantenerse sentado y tiene la oportunidad de explorar con sus manos se produce un gran desarrollo a nivel cognitivo y social.

¿Debo sentar al bebé?

Si no lo hace por sí mismo y todavía no controla su cabeza y tronco en esta posición, no debemos forzarle. Se considera que si el bebé aún no tiene fuerza y control para sostenerse su cuerpo podemos dañarle la columna si le colocamos en esa posición.

Sin embargo, en aquellos casos en los que el niño presente una afectación de la postura y/o el movimiento sí les ayudaremos a conseguirlo mediante productos de apoyo.   

Niño sentado en hojas marrones explorando el entorno

Cómo estimular la sedestación

En condiciones normales, cuando el niño está en el primer año de vida, no es necesario llevar a cabo una estimulación específica. La estimulación será permitirle explorar el entorno y experimentar con su cuerpo.

Para ayudar al bebé a adquirir el desarrollo motor crearemos entornos seguros en los que pueda moverse y le ayudaremos mediante la motivación y el juego a que experimente diferentes posturas por sí mismo.

En el desarrollo psicomotor del bebé es crucial permitirle el movimiento y explorar el entorno.

Por tanto, para que un niño consiga un cambio de posición ya sea pasar de tumbado a sedestación, de sedestación a bipedestación o incluso empezar a caminar, lo que debemos hacer es permitirle intentarlo por sí mismo. Para ayudarle y acompañarle en este proceso podemos utilizar sus juguetes y estímulos favoritos, de manera que motivemos su intención de movimiento, pero no seremos nosotros quienes le coloquemos directamente en la posición.

El bebé no se sienta solo

Si el bebé no puede sentarse sin apoyo y de manera estable a los 7 meses deberemos consultar con el pediatra para que lo valore. Posiblemente será por falta de maduración pero conviene que lleve un seguimiento y un especialista asesore a la familia, pues la detección temprana es crucial para la evolución de los pequeños.

En aquellos casos en los que el niño o niña necesite ayuda para conseguir una sedestación estable, porque presentan alguna afectación de la postura y/o el movimiento, se les ayuda a conseguirlo mediante adaptaciones.

Para estos niños la sedestación es igual de importante que para los demás. Por tanto, si sus capacidades no le permiten la sedestación autónoma pasados los 7 meses, deberemos proporcionársela de otras maneras. Hay una gran cantidad de productos de apoyo y de asientos adaptados para que estos niños también puedan desarrollar las habilidades que la sedestación estable permite. El neuropediatra, el médico rehabilitador o el fisioterapeuta suele ser quienes deben asesorar a la familia sobre esto, de manera que les ayuden a conseguir o confeccionar un asiento adaptado para el niño o niña según sus necesidades.

La sedestación de un paciente con diversidad funcional

Cuando hablamos de diversidad funcional, nos referimos a cualquier persona que tenga capacidades diferentes para llevar a cabo cualquier actividad, ya sea a nivel motor, cognitivo, perceptivo, comunicativo, conductual o social.

La sedestación es la postura en la que tenemos mayor capacidad para procesar información, lo cual implica que se trata de la posición en la que podemos desarrollar nuestras capacidades cognitivas de manera más fácil. Con esto, es sencillo comprender la importancia que puede tener esta postura para las personas con diversidad funcional.

La sedestación es la postura en la que tenemos mayor capacidad para procesar información.

Es común que niños y personas con diferentes afectaciones motoras como parálisis cerebral, espina bífida, enfermedades neuromusculares u otras que cursen con alteración del tono muscular necesiten de ayudas externas para lograr una sedestación estable. Se trata de asientos adaptados a sus necesidades que se utilizan con diferentes finalidades: prevenir complicaciones musculoesqueléticas, mantener rango de movilidad, favorecer el control postural y fomentar el desarrollo de habilidades cognitivas, manipulativas y sociales.

La sedestación funcional no será igual para todo el mundo y cada persona encontrará una sedestación en la que se encuentre cómodo y estable.

Sin embargo, para las personas con diversidad funcional especialmente, hay ciertas posturas, que se recomienda evitar para prevenir posibles complicaciones futuras y otras que se recomiendan.

Sentarse en W

Se trata de una postura en la que las rodillas están colocadas hacia dentro y los pies hacia fuera, de manera que el apoyo de los glúteos queda entre los 2 pies. En esta posición hay mayor estabilidad y menos desequilibrios, por muy incómoda que pueda parecernos a los adultos.

Niño sentado en W

Hay cierta controversia en cuanto a la recomendación de esta postura. En niños y niñas con desarrollo típico, no suele estar contraindicada, ya que estos se mueven, gatean, caminan y llevan a cabo otra serie de actividades motoras, sin pasar la mayor parte del día sentados en el suelo.

Sin embargo, en niños con alguna afectación del tono y/o la fuerza muscular, bien sea por lesión o patología que implique dificultades para el movimiento o bien por afectaciones o síndromes cognitivos que también cursan con hipotonía, se trata de una postura que favorece las luxaciones de cadera. Esto es debido a que estos niños presentan mayor debilidad del músculo glúteo, lo cual aumenta el riesgo de esta complicación musculoesquelética y, si añadimos una sedestación prolongada en W, aumenta el riesgo de presentar una displasia de cadera. 

Apoyo de los pies

Cuando no están sentados en el suelo, sino que utilizan una silla o banco, los pies deben estar apoyados para proporcionar mayor estabilidad, prevenir malas posiciones de cadera y rodillas y  evitar distracciones.

Flexión de cadera

La estabilidad de las caderas y la pelvis también depende de una buena posición en flexión. Lo ideal son posturas a 90º de flexión de cadera y de rodillas. Sin embargo, hay ocasiones en las que ayuda aumentar este grado de flexión, como puede ser en niños con tetraparesia espástica que presentan un gran patrón extensor.

Sentarse en indio

Esta postura en el suelo es una de las más recomendadas para las personas con diversidad funcional, pues ayuda al estiramiento de aductores, favorece la separación y rotación externa de caderas y suele dar estabilidad por tener base amplia de soporte.

Sedestación en parálisis cerebral

Los niños con parálisis cerebral suelen tener problemas para adquirir el control de la sedestación de manera autónoma. La debilidad muscular y la espasticidad hacen que mantener el cuerpo en contra de la gravedad sea una tarea difícil para ellos.

Por ello, es común que en las primeras etapas estos niños necesiten asientos adaptados tanto para ayudarles a adquirir el control de esta postura como para fomentar el desarrollo de otras habilidades.

Cada niño o niña necesitará una posición en sedestación que deberá ser valorada por los especialistas que intervengan en su tratamiento (neuropediatra, médico rehabilitador, fisioterapeuta y terapeuta ocupacional principalmente).

Como norma general, se busca la correcta alineación de todas las estructuras corporales: cabeza, columna, pelvis, caderas, rodillas y pies. Sin embargo, habrá que tener en cuenta cada caso, pues además de la alineación será necesario prestar atención a la funcionalidad. Una postura perfectamente alineada que impide la correcta función y el desarrollo de otras habilidades no será la postura indicada para esa persona.

Cuando el niño es más pequeño los asientos de yeso son un recurso frecuente. Normalmente, son confeccionados por los fisioterapeutas. Con vendas de yeso se crea un asiento elaborado con el niño como molde, manteniendo una separación de caderas de 60º y la pelvis en posición neutra (sin curvatura excesiva de la espalda). Son recursos útiles y prácticos para el día a día del niño y la familia y suelen ser bien aceptados.

En cuanto se van haciendo mayores a veces es necesario usar asientos más complejos y que proporcionen mayor estabilidad y comodidad. Hay una gran variedad, adaptables a las necesidades de cada persona. Normalmente se pretende que haya un buen posicionamiento de miembros inferiores y una buena sujeción de tronco y cabeza en aquellos casos en los que se necesite.

Se debe tener en cuenta, también, que en los niveles III, IV y V de parálisis cerebral el desplazamiento habitual será en silla de ruedas. Será la posición en que el niño pase la mayor parte del tiempo. Por tanto, conseguir una postura estable, cómoda y que permita una correcta funcionalidad de la persona será crucial para asegurar el desarrollo de múltiples habilidades en todas las áreas.

Una sedestación estable que ayude al control visual y favorezca la función en usuarios de silla de ruedas es de gran relevancia para garantizar su participación en comunidad y facilitar su inclusión social.

Una sedestación estable de oportunidades para desarrollar habilidades cognitivas, comunicativas, motoras, sensoriales, perceptivas y, sobretodo, sociales.

Bibliografía

  1. Macias L, Fagoaga J. Fisioterapia en pediatría. Spain. Panamericana; 2018.
  2. ¿Como aprenden los niños a sentarse? Alicia Manzanas.

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