Qué es la Parálisis Cerebral o Parálisis Cerebral Infantil

Antiguamente era conocida como Parálisis Cerebral Infantil (PCI) y en muchos sitios se puede seguir leyendo, no obstante, este término ya está en desuso porque, como veremos a continuación, la Parálisis Cerebral solo puede producirse en la infancia. 

La parálisis cerebral (PC) es la discapacidad infantil más común, afectando entre 2 y 3 de cada 1000 niños nacidos vivos (registros europeos Surveillance Cerebral Palsy Europe SCPE 2002 y americanos – MAADDSP, 2002). Se trata de un grupo de trastornos que afectan al desarrollo del movimiento y de la postura, que provocan una limitación de la actividad y que son atribuibles a alteraciones no progresivas ocurridas durante el desarrollo del cerebro fetal o infantil

Estructura Externa del Encéfalo
Estructura Externa del Encéfalo

Esto quiere decir que al hablar de parálisis cerebral, no nos referimos a una enfermedad, si no a un grupo de alteraciones que se producen antes de que finalice el crecimiento y desarrollo encefálico del niño y que se manifiestan con dificultades en el niño para moverse y mantener la postura. Estos trastornos motores ocurridos en el niño pueden ir acompañados de afectaciones cognitivas y/o del comportamiento, alteraciones sensoriales, de la sensibilidad y de la percepción, problemas en la comunicación y/o epilepsia. Y, aunque hemos dicho que se trata de una alteración no progresiva, el pronóstico y las consecuencias secundarias dependerán en muchos casos de los posibles trastornos asociados. 

Es importante destacar que el término “parálisis cerebral” puede conllevar a hacerse una errónea percepción de esta lesión, pues no implica que haya inmovilidad por un daño en el cerebro. Como explicábamos, lo que ocurre es una dificultad para el movimiento y está producida por una lesión del encéfalo. No compromete únicamente al cerebro, ya que, en ocasiones, también puede deberse a una lesión del cerebelo o el tronco encefálico. 

Causas de la Parálisis Cerebral

Las causas de la parálisis cerebral son muy variables. Antes se creía que la PC se producía principalmente en el momento del parto, por una falta de oxígeno en el bebé, lo cual disparó los casos de cesárea de urgencia. 

Sin embargo, en la actualidad se ha demostrado que, usualmente, es producido por una afectación en el desarrollo cerebral durante el crecimiento fetal (causas prenatales), que puede deberse a diversos motivos, como pueden ser infecciones bacterianas o virales, malformaciones cerebrales, causas genéticas, incapacidad de la placenta para proporcionar oxígeno y nutrientes, etc. 

En ocasiones, la parálisis cerebral sí es ocasionada por un daño cerebral durante el momento del parto (causas perinatales), como puede ser una hemorragia, pérdida de oxígeno durante el parto, una infección o un trastorno metabólico, entre otras.

En otros casos, la afectación se produce en los primeros meses o años de vida del niño o la niña (causas postnatales), por posibles meningitis, encefalitis, accidentes vasculares, etc. 

Además, en la actualidad, se ha producido un gran aumento en el índice de supervivencia de niños nacidos con prematuridad extrema, de los cuales un 10% desarrollan PC. 

Diagnóstico de la Parálisis Cerebral

Las lesiones producidas en el cerebro del niño serán diferentes en función del momento de maduración en el que se haya producido el daño. 

La resonancia magnética y la ultrasonografía cerebral son las técnicas más utilizadas para conocer las lesiones importantes. Las imágenes del cerebro pueden ayudar a identificar la naturaleza de la lesión cerebral. Son pruebas que únicamente se realizan durante la gestación en aquellos casos que hay complicaciones neonatales o en las que durante la ecografía se detecta alguna anomalía. 

En la mayoría de los niños, en cambio, no se encuentran alteraciones durante el embarazo y los trastornos motores no se identifican hasta edades más avanzadas. 

Por tanto, el diagnóstico inicial se plantea en base a un examen físico. Existen escalas de valoración, que utilizan los profesionales, que alertan de la posible presencia de una parálisis cerebral realizando una exploración. En ellas, se contemplan diferentes ítems del desarrollo del niño, su movilidad, postura, reflejos y tono muscular y se establece el riesgo del niño de sufrir una alteración cerebral. Cuando el médico lo considera necesario, se realiza una resonancia magnética para valorar el nivel de afectación en el niño. 

Pronóstico de la Parálisis Cerebral

La evolución del niño con parálisis cerebral es muy variable. El pronóstico se establecerá en función de múltiples factores que, además, unos interfieren con otros: el tipo de trastorno que tenga el niño, sus características motoras, si hay afectaciones asociadas, la gravedad funcional, la extensión de la lesión, el momento en el que se produjo el daño, la edad de iniciación de intervención terapéutica y el entorno y los recursos del niño. 

Por ello, el pronóstico deberá indicarlo e informarlo a la familia el equipo profesional que conozca al niño y todas las características que lo definen. 

Clasificación de la Parálisis Cerebral

La clasificación de la PC es muy compleja, pues se puede diferenciar según diversos criterios. Encontramos, principalmente, 3 formas de hacerlo. 

Según Área Cerebral Dañada y su Afectación a la Movilidad

Por un lado, distinguimos diferentes tipos de PC según área cerebral lesionada y cómo afecta a la movilidad del niño.

  • Parálisis Cerebral Espástica

Se trata de la alteración más común. La localización de la lesión aparece en la vía piramidal, afectando a la motoneurona superior. Normalmente presentan un aumento del tono (hipertonía) y de la reacción a los reflejos (hiperreflexia) y una rigidez al realizar movimientos. 

Así pues, en la parálisis cerebral espástica, la neurona que lleva la información desde el cerebro hasta la médula (es decir, la que informa de que hay que hacer un movimiento) se encuentra afectada. Esto hace que haya músculos que se encuentren con un tono aumentado y, por consiguiente, los opuestos aparezcan debilitados. Todo ello conlleva a una rigidez con dificultad para la movilidad. 

  • Parálisis Cerebral Distónica

Las alteraciones se producen por una afectación de los ganglios basales. Aparecen los llamados movimientos distónicos (contracciones involuntarias del músculo que provocan un movimiento no deseado). Pueden afectar no solo a las extremidades sino también a la cara, la lengua, los gestos y el lenguaje, presentando movimientos involuntarios e incontrolados. 

En la parálisis cerebral distónica se altera el funcionamiento de la zona encefálica asociada al movimiento realizado voluntariamente pero de forma inconsciente, lo cual produce movimientos no voluntarios, imprecisos y descoordinados al iniciar una actividad o permanecer en reposo. 

  • Parálisis Cerebral Atáxica

En este caso la afectación se produce en el cerebelo. En esta lesión se presentan movimientos con una precisión anormal, por la incapacidad de realizarlo con la fuerza y el ritmo adecuados.

La parálisis cerebral atáxica es producida por un daño en la parte del encéfalo encargada de indicar al sistema musculoesquelético el momento exacto para realizar un movimiento, por tanto, se manifiesta con un mal equilibrio durante la marcha y una difícil coordinación y control de las manos y los ojos. 

  • Parálisis Cerebral Hipotónica

Caracterizada por un bajo tono muscular asociado a hiperreflexia no asociado a una causa neuromuscular, que se mantiene más allá de los 2-3 años. La hipotonía suele acompañar a otras formas de parálisis cerebral, como puede ser la atáxica, principalmente los primeros años de vida. 

  • Formas mixtas

Se trata de la combinación de características de la espasticidad junto a las de la atetosis o la ataxia. 

Según la Parte del Cuerpo Afectada

Por otro lado, también podemos diferenciar la parálisis cerebral según la parte del cuerpo afectada: 

  • Monoparesia. Es la afectación de un único miembro, aunque no se presenta de forma pura, pues suele ir acompañada de una ligera afectación de otra extremidad. 
  • Hemiparesia. Son aquellos casos en los que se ven afectados la pierna y el brazo del mismo lado; es decir, un hemicuerpo.
  • Diplejia. Involucra la alteración de ambas piernas, y suele ir acompañada de una afectación menos grave de uno de los brazos. Va acompañada de espasticidad. 
  • Triparesia. Se trata de una afectación poco frecuente, pues lo que suele ocurrir es que hay una tetraparesia con menos afectación de un miembro, o una diplejía con alteración en uno de los brazos. 
  • Tetraparesia. En este caso, nos referimos a la afectación de ambas piernas y ambos brazos. 

Parálisis cerebral según zona de afectación

Según Funcionalidad

Y, por último, la parálisis cerebral se clasifica según el nivel de funcionalidad de la movilidad gruesa del niño: 

Para entender y diferenciar la funcionalidad en los niños con parálisis cerebral se creó el Sistema de Clasificación de la Función Motora Gruesa, conocido como GMFCS (Palisano et al.). En esta clasificación se tiene en cuenta la funcionalidad del niño, sus limitaciones y las ayudas tecnológicas y de movilidad que el niño necesita, dando menor importancia a la calidad de movimiento en el niño. El sistema de clasificación establece 5 niveles, que tienen en cuenta las habilidades del niño diferenciadas en 5 grupos de edad: menos de 2 años, entre 2 y 4, entre 4 y 6, entre 6 y 12 y, entre 12 y 18 años. El nivel I representa a aquellos niños con mayor independencia y el nivel V aquellos que tienen menor autonomía; de tal manera que:

  • Nivel I: Camina sin limitaciones. Realiza actividades relacionadas con el sistema motor grueso, pero su velocidad, equilibrio y coordinación se ven afectados. 
  • Nivel II: Camina experimentando dificultad en superficies desniveladas e inclinadas o espacio pequeños y necesita sostén para actividades como subir escaleras. 
  • Nivel III: Anda utilizando un dispositivo de movilidad con sujeción manual y puede necesitar el uso de silla de ruedas para distancias largas o en terrenos desnivelados. 
  • Nivel IV: Autonomía para la movilidad con limitaciones; requiere caminador para distancias cortas o sillas para moverse en casa, escuela y/o comunidad.
  • Nivel V: Transportado en silla de ruedas manual. Todas las áreas de la función motora están limitadas. Presenta incapacidad para el control voluntario del movimiento y para mantener postura de tronco y cabeza. 
Diferente clasificación de la parálisis cerebral
Esquema de las diferentes clasificaciones de la PC

Tratamiento de la Parálisis Cerebral

La lesión producida en la parálisis cerebral es irreversible y, en la actualidad, no se dispone de tratamiento que la corrija o mejore.

La parálisis cerebral ha de abordarse de manera individualizada, atendiendo a las particularidades de cada caso y siempre de manera interdisciplinar. Se tendrá en cuenta aspectos personales del niño (edad, lesión…), su capacidad y sus necesidades específicas. El objetivo siempre será potenciar al máximo la funcionalidad del niño o niña, así como favorecer su autonomía y prevenir las posibles complicaciones que puedan derivarse.

Los estudios sobre neuroplasticidad sugieren que la intervención debe comenzar lo antes posible, con actividades orientadas a tareas específicas y dentro de su entorno natural del niño.

Por tanto, el abordaje terapéutico no se centra únicamente en los trastornos motores, sino en efectuar intervenciones multidisciplinares dirigidas a promover la capacidad funcional, trabajando dentro de su entorno las habilidades cognitivas, motoras y de comunicación que se precisen.

Especialistas de Atención

El equipo de atención al niño con parálisis cerebral irá integrado por diferentes profesionales según cada caso. 

Fisioterapia

La fisioterapia siempre irá incluida dentro de las áreas de atención. Se encargará de potenciar las capacidades motrices del niño en todas sus etapas, ayudándole a adquirir las habilidades funcionales que le ayuden a moverse y fomenten su independencia.

Además, el fisioterapeuta se encarga de asesorar y orientar a las familias en posibles necesidades relacionadas con el movimiento y la postura. Es el caso de las ayudas ortopédicas

Las ayudas técnicas tendrán diferentes objetivos en función de cada caso. 

  • Encontramos las férulas y ortesis, que irán destinadas a prevenir posibles deformidades, a mantener la movilidad de una articulación o a favorecer y ayudar el movimiento o una habilidad funcional concreta. Por ejemplo, los DAFOS, son férulas que ayudan a mantener la correcta alineación de pie y tobillo y, además, permiten que muchos niños sean capaces de caminar. Es también el caso de los bipedestadores, que pretenden fomentar la carga en aquellos niños, niñas, adolescentes o adultos que no pueden mantenerse de pie sin ayuda. 
  • En ocasiones también son necesarias ayudas de posicionamiento, como son asientos o sillas adaptadas. 
  • Otras posibles ayudas técnicas, tendrán el propósito de ayudar al desplazamiento (sillas de ruedas, andadores…). 

Terapia ocupacional

El/la terapeuta ocupacional se encarga de ayudar a llevar a cabo habilidades relacionadas con actividades de la vida diaria (vestido, higiene, alimentación…), se encarga de trabajar los aspectos sensoriales con el niño o niña y estimula actividades de motricidad fina y coordinación de miembros superiores. También participa en el asesoramiento de las adaptaciones necesarias en el hogar. 

Logopedia

La logopedia ayuda a estimular las habilidades comunicativas en el niño, ayudándole a comunicarse en cualquiera de sus variantes, no solo la lingüística, sino también a través de imágenes, gestos o cualquier sistema de comunicación complementario o aumentativo que ayude al niño a relacionarse, comprender y hacerse entender. 

Además, también puede trabajar, en aquellos casos en que sea necesario, la musculatura orofacial, previniendo posible babeo y ayudando a desarrollar funciones como la succión, masticación, etc.

Psicología

La psicología puede abordar la parálisis cerebral de diferentes maneras. Principalmente, se encarga durante los primeros años de vida de la estimulación cognitiva de los más pequeños. 

Neuropediatría

Disciplina médica especializada en la atención de pacientes con cualquier trastorno neurológico en la infancia. 

Se encargará de determinar los fármacos necesarios en cada caso y de recomendar las pruebas que considere necesarias para detectar posibles alteraciones sensoriales u otras afectaciones asociadas. 

Los fármacos más comunes en parálisis cerebral son el diazepam o baclofeno para la espasticidad, así como las infiltraciones con toxina botulínica, en los casos en que se considera que el paciente puede beneficiarse. También es común la medicación antiepiléptica. 

Todo el equipo de profesionales deberá coordinarse y presentar objetivos comunes, teniendo siempre en cuenta las prioridades y necesidades de la familia y el niño o niña. Será crucial para la evolución de esta lesión que tanto la familia como el equipo de atención tengan una adecuada y absoluta coordinación e implicación. No será posible el tratamiento ni la progresión sin poner siempre por delante las preferencias y deseos de las familias. 


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