Las 6 deformidades más comunes en Espina Bífida

En esta entrada os presentamos las seis deformidades más comunes que encontraremos en personas con Espina Bífida. El tratamiento principal siempre será la prevención de su aparición. El avance en los procesos quirúrgicos las últimas décadas, permite que cuando el tratamiento conservador no da buenos resultados se pueda recurrir a la intervención quirúrgica. Sin embargo, por norma general, intentará evitarse. 

En nuestro artículo sobre Espina Bífida podrás encontrar más información sobre esta lesión. 

Las 6 deformidades más comunes en Espina Bífida

Escoliosis

A nivel de columna, la hiperlordosis y la cifosis (excesos de curvatura en las “curvas fisiológicas de la columna”) también son deformidades frecuentes, pero destacamos la escoliosis no solo por su alta prevalencia sino también por presentar más complicaciones. 

Se trata de la deformidad más frecuente en los niños y adultos con espina bífida. La escoliosis consiste en una desviación lateral de la columna, es decir, de manera anormal aparece una curva (en forma de “C” o de “S”) cuando miramos la espalda desde detrás. Puede aparecer a cualquier nivel de la columna, aunque la zona más común en esta patología es la toracolumbar, entre la zona media y baja de la espalda, y es más habitual cuanto más alto es el nivel de lesión. 

El tratamiento ortopédico es complicado, ya que las ortesis que suelen utilizar para ayudar a la marcha no son compatibles con el uso de corsés. La combinación de ambas hace muy difícil el movimiento. Por ello, en aquellos casos en los que la curvatura evoluciona demasiado puede provocar consecuencias en la funcionalidad o estabilidad, afectar a órganos internos y producir dolor. En estos casos se procede a realizar intervención quirúrgica. Esta cirugía variará en función del grado de escoliosis y de la zona de presentación. 

Lo ideal es un tratamiento preventivo, que favorezca la correcta alineación de la columna, sobre todo en posición de sentado, postura en la que pasan la mayor parte del tiempo. 

Contracturas de cadera en flexión

Muy común en niveles de lesión L2 – L3 – L4 y L5. Esto es debido al desequilibrio de actividad muscular que hay entre los músculos flexores de cadera (que están activos y, por tanto, se utilizan mucho) y los músculos extensores (que, por el contrario, aparecen débiles). Es fácil de comprender si visualizamos a un hombre musculoso que le gusta mucho hacer bíceps en el gimnasio y, por tanto, suele llevar los codos doblados, siendo incapaz de estirarlos del todo. Al fortalecer mucho un músculo y olvidarnos del opuesto, se producen posiciones mantenidas en las articulaciones. 

Cuando es posible la movilidad de la cadera y la articulación no está rígida (con una contractura de menos de 25º) el tratamiento se basa en programas de bipedestación (ponerse en pie durante un tiempo varias veces al día) y los cambios posturales que favorezcan el estiramiento. Sin embargo, si la deformidad ha dejado de ser flexible se procede al tratamiento quirúrgico, basado, normalmente, en desinsertar la musculatura acortada. 

En niveles más altos de lesión, también podemos encontrar esta deformidad por pasar mucho tiempo sentados. Normalmente va acompañada de una abducción de cadera con rotación externa. En estos casos se intentará prevenir con los oportunos cambios posturales y ortesis necesarias, pero si la deformidad es demasiado grande para llevarlo a cabo se procederá, también, a cirugía. 

Luxación de cadera 

Comúnmente conocida como “dislocación de cadera”. Supone una lesión en la que la parte del fémur que articula con la pelvis (cabeza femoral) deja de estar dentro de la articulación, perdiendo el contacto con la zona que la recubre, el acetábulo. 

Especialmente común en niños con Mielomeningocele, debido de nuevo al desequilibrio muscular. Suele detectarse en los 3 primeros años de vida del niño y el procedimiento será quirúrgico. 

La prevención consiste en el correcto posicionamiento y un programa de bipedestación precoz. 

Pie equinovaro o pie zambo

Se trata de una anomalía que aparece desde el nacimiento. El pie se encuentra orientado hacia abajo y hacia adentro. 

Es común en niveles de lesión altos. Se corrige con férulas posteriores que progresivamente acompañan al pie hasta una posición que permita el apoyo. Si la evolución con este tratamiento no es favorable, se procede a cirugía en la etapa de inicio de bipedestación (18 meses de edad). 

Pie talo

El pie se presenta en una posición de flexión dorsal, de forma que al apoyar el talón es difícil bajar el resto del pie para que entre en contacto con el suelo. Se produce principalmente en niños con nivel de lesión L4 – L5. Una vez más, el principal causante es el desequilibrio muscular, esta vez entre los flexores dorsales y flexores plantares del pie. 

El tratamiento más común son las ortesis de pie, pero como en el resto de deformidades, si estas no ayudan a la corrección y favorecen una marcha funcional, se procede a realizar intervención quirúrgica. 

Pie cavo

Es aquel que presenta un excesivo arco plantar. Común en niños con niveles de lesión sacros, debido a la falta o debilidad de musculatura intrínseca del pie. 

Normalmente se procede a colocar plantillas u ortesis de pie bajas para evitar su progresión y/o ayudar a mantener una marcha funcional y con mínimo gasto energético. 

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